"Uf, con tanto ruido en esta casa no se puede estudiar... ¡Familia , me voy a la biblioteca, a acabar los ejercicios que tengo que entregar mañana¡"
Este comentario tan habitual debió de ser lo que le dijo el señor que se sentó enfrente mio en la biblioteca a su mujer al salir de casa.
Y seguro que es verdad, en la mayoría de las casas, como en la mía, es difícil concentrarse para leer sin que te interrumpan cada 5 minutos. O sea , que la mejor opción es irse a la biblioteca, ese sagrado lugar de paz y recogimiento intelectual, y poder centrarse y concentrarse en el tema más facilmente.
Y cuando vi a este señor, de unos sesenta años, sentarse con un libro para estudiar inglés, una libreta y un bolígrafo pensé: "mira que bien, a sus años y aprendiendo ingles, hace lo mejor para mantener su cerebro en forma y activo."
Y volví a concentrarme en mi libro. Hasta que, oí unas respiraciones muy profundas y sonoras. "Vaya, debe estar muy relajado". Y tanto que estaba relajado. El siguiente sonido que escuché fue un ronquido¡¡
"No puede ser". Pero si que podía ser. Alcé la vista y lo vi, con los brazos cruzados sobre la mesa y la cabeza baja, cada vez más baja, hasta que le llegó al brazo, y en ése momento se despertó. Abrió los ojos, y al vernos mirándole puso cara de "solo ha sido una cabezadita, no es para tanto". Se pasó la mano por la cara, giró una página y volvió a colocarse, esta vez apoyando su cabeza en una mano. Cinco minutos después volvimos a sentir un ronquido. Esta vez no se le caía la cabeza, pero se le iba resbalando el brazo por la mesa, hasta que tocó con la pared y volvió a despertarse.
Y así hasta que, media hora más tarde, fue al baño a refrescarse y poder seguir.... estudiando. Pero por lo visto tenia que haberse puesto el agua más fría.
A estas horas la concentración, como es de suponer , flojea bastante, y prestas más atención a si se dormirá, a si lo que oyes son sus ronquidos o a si se le cae la babilla cuando duerme.
Y en esas circunstancias y dado que aún me faltaba mucho por estudiar, me fui con mis bártulos a otra mesa lo suficientemente lejos como para no oír nada. Hice lo único que podía hacer. ¿O no?
Y vosotros, ¿habríais hecho otra cosa?
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